El mundo va mal. Ayer compré un calendario de Camboya porque el niño de la portada era yo de pequeño. Mi identidad se perdió sola en despachos de psiquiatría y doctores. Yo no fui. La esquizofrenia no existe. En el país de los ciegos el tuerto es un colaboracionista. El taxista -tuve que coger taxi- que me acercó ayer a Cuatro Vientos me dio una lección sobre el llamado efecto invernadero. España son las Españas que caben en un Palacio de los deportes. El mundo imita lo que ve en facebook o twitter. Cuando llego a casa me meto en el pijama porque veo en él el calor de una familia que ya no existe. La navidad es un añadido de haloperidol sobre la voz de intereconomía y luego está la lluvia, que tanto se agradece. Las calles son un vicio ya de vacío en la era del uno. La persona se parece al malo de Terminator 2. Me he dado cuenta de que soy burgués porque aún no me he pasado al tabaco de liar. En el trabajo, la recepcionista me atiende con amabilidad porque no sabe, como yo, porqué sonrío. Es el puto niño de Camboya, creo, que quiere sustituirme. En los últimos tiempos lo más apasionante que he hecho ha sido abrir un paraguas. Echo de menos dar miedo por la calle a los ancianos. Voy limpito para no quedar mal y no reconozco a mis amigos. Decidí marcharme de la facu el día en que, en un despacho, procuraba explicar la justicia de un puto aprobado. Dije a la maestra que me suspendiera, por favor, y que gracias por su tiempo. El tiempo es un avión y las hélices aspiran a vencer la velocidad de los átomos. Hace dos años, cuando iba para el autobús, me hice amigo de dos vagabundos que me pidieron tabaco y así siguió hasta que decidí esquivarlos, ir por otras escaleras. Ayer los vi jugando a los chinos. Uno dijo hasta luego. Me llaman el hijoputa. Dentro del pijama a veces no aguanto el calor. El pijama me trae a cuando me lo tenían que poner porque llegaba a casa baldado y sangrando, recuerdo, en Valseca. En Valseca, por semana santa y verano, nos íbamos a una cuesta en bici, nos dejábamos caer y perdía el que se despeñaba. Había que derrapar al pasar la gravilla. Acostumbré a llegar a casa con heridas. Nunca me rompí nada, ni cuando me patearon la cabeza. La esquizofrenia es un mito moderno medio urbano. El coronel Truman no existe. Le he estado buscando en la guía. Quiero ser cura. Antaño al cura del pueblo le eran permitidos la mala ostia y hasta el pegamento imedio. Mientras preparábamos los utensilios nos bebíamos el vino, fumábamos sentados en el altar, los monaguillos, antes de dar las campanadas diciendo: como entre ahora... El frío existía más a menudo que el hombre del tiempo, aunque el hombre del tiempo haya desaparecido. Pero todo eso era un prólogo de la nada. Ayer otro. Hoy es ver una cima en mitad de una montaña que nunca ha asomado, el sol tiene sobredosis de serotonina al igual que el Papa y Rambo contempla mecerse una zarza en un arroyo. La gente que lo ve dice: parece un lama. Bambi es dios. Asegúrate de follar con las que tosen, decían en la peli. Las mascotas han tomado el poder y van siempre con un puerta de un pub. Me pregunto si tengo dinero y años para hacer una carrera, para volver a ser Pocoyó y morirme, tosiendo, en el camino, pero de verdad, no en coña, y que nadie se entere. El soldado Ryan también sueña con algo. Los solipsistas parecen asnos y caminan entre las bombas en busca de un sitio donde hacer un pis.
Todo esto es lo que me dicta Charly. Después lo leo, a ver si veo algo que sea yo. A casa hoy ha llegado por correo ordinario una felicitación de los chicos apadrinados por mi madre en Madagascar. Deben de tener ya veinte años. Quiero que se vengan a vivir conmigo y que salgamos a la noche, a meternos y follar.
A vuelta de correo les voy a enviar una novela de Benjamín Prado.
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Todo esto es lo que me dicta Charly. Después lo leo, a ver si veo algo que sea yo. A casa hoy ha llegado por correo ordinario una felicitación de los chicos apadrinados por mi madre en Madagascar. Deben de tener ya veinte años. Quiero que se vengan a vivir conmigo y que salgamos a la noche, a meternos y follar.
A vuelta de correo les voy a enviar una novela de Benjamín Prado.
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